El abismo entre estudiar y prepararse para el parto
Por qué llenarte la cabeza de teoría no garantiza una experiencia conectada (y lo que realmente necesitas entrenar)

¿Alguna vez te pasó de tener una sensación de que algo no andaba bien, aun cuando aparentemente nada se estaba saliendo de lo normal? O aquella vez que, por algún motivo, no tenías ganas de ir a un lugar, pero preferiste cumplir con tu palabra o con lo que se esperaba de ti, y fuiste. Y pasó algo. Y entonces recordaste que no querías ir desde el principio. Eso es la intuición. Una brújula interna, salvaje y puramente instintiva. En el parto, esa es la voz que necesitas escuchar, pero pasamos meses entrenando la mente con teoría y nos olvidamos de sintonizar el canal correcto.
Cuando nos enteramos de que estamos embarazadas, el miedo y la ansiedad son de las primeras emociones en aparecer. Poco a poco surge la necesidad de prepararse para el parto y comenzamos a buscar información, a estudiar y tratar de entender todo aquello que nos haga sentir más preparadas para ese día. Y no, en este post no voy a hacer apología contra la información. No voy a negar que necesitas saber y conocer algunas cosas. No deberías llegar a tu parto sin conocer cuáles son tus derechos, cómo funcionan los hospitales, o si realmente es necesario hacerte un corte en el periné para que tu bebé tenga espacio y nazca. Como todo en la vida, la preparación para el parto es un equilibrio. "Una de cal y una de arena", como decimos en Uruguay.
Justamente en la búsqueda de ese equilibrio, es que en mi propia vida trato de recordar que además de tener un cuerpo tan espectacular que funciona como una máquina perfecta, con el cerebro que sería su torre de comando, también somos seres espirituales. Somos cuerpo y mente. Y alma. Somos consciente e inconsciente. Somos nuestra historia, nuestros traumas, nuestros sueños y deseos, nuestros miedos, y todo participa en el parto. Parir no envuelve únicamente un útero que se contrae, una pelvis que se abre y un feto que nace.
Hay algo que nunca me "cerró" de dar "clases de preparación para el parto". Y lo cito entre comillas porque "clase" me suena a una dinámica donde yo soy la que posee el conocimiento y lo transmito a la otra parte, que por consiguiente, no sabe. Y justamente eso es lo que nunca me cerró, desde mi época de estudiante. En mi último año de la carrera, cuando me formé como partera profesional, que fue un año entero de prácticas, sentía un frío en la barriga cada vez que me tocaba dar esas clases. Nunca me sentía segura. Pensaba: "¿y si me preguntan algo que no sé?". Porque lo que me habían enseñado sobre la preparación para el parto (y luego verás que tampoco me gusta llamarle así) era dar casi una clase de anatomía o fisiología. Uno de mis mayores miedos era que las mujeres se aburrieran en la clase. Y claro, ¿quién no se aburre en una conferencia teórica de anatomía o fisiología? Y peor aún: ¿quién recuerda esa cantidad de palabras, nombres y procesos? Pero la pregunta más importante y que te quiero hacer si estás guardando decenas de PDFs o pensando en hacerlo es: ¿para qué?
Volviendo al tema de llamarlo "clase", y calma, ya sigo con la línea de razonamiento que da sentido al título de este post. Cuando vamos a clase de piano es porque queremos aprender a tocar ese instrumento. O a clase de pilates, porque no somos formadas en eso y la profesora sí, entonces ella sabe qué ejercicio tengo que hacer para trabajar esa parte del cuerpo que necesita atención. Traslademos esto al parto: ¿cómo te imaginabas, antes de estar embarazada o antes de ir a una clase de parto, que sería? ¿Qué piensas que se enseña en una? Siguiendo los otros ejemplos, ¿qué esperas aprender? ¿O qué necesitas que te digan cómo hacer?
Hasta ahora, no conocí una sola doula que no dé sus clases siguiendo una presentación en la pantalla. Una de las tantas cosas que hago diferente a mis colegas. Pero ser un bicho raro es algo familiar para mí. Escribí sobre esto en el post "A mulher que acompanha também é parte do caminho". Nuevamente, la imagen que viene a mi cabeza (y probablemente a la tuya) es la misma: ella sabe, yo no, ella me va a enseñar. Y no, como ya dije: no voy a hacer una apología en contra de la información teórica. Pero sí quiero cuestionar el modelo tradicional de preparación que reciben la mayoría de las embarazadas.
Y aquí es donde me meto en el mismo terreno que estoy tratando de cuestionar y te voy a explicar algo: hay una parte de nuestro cerebro llamada "neocortex", o "cortex prefrontal". Es la parte más reciente en la evolución de la especie homo sapiens sapiens (también conocida como ser humano). Es la que te está permitiendo leer este texto, te permite imaginar, entender y pensar. Es la parte racional que nos distingue y diferencia de otros animales. ¿Pero sabes cuál es la parte del ser humano que no ha cambiado, el hecho en el que seguimos siendo igual? Seguimos siendo mamíferos. Seguimos teniendo la parte más antigua de nuestro cerebro que se encarga de que seamos capaces de llevar a cabo procesos vitales como respirar, digerir u orinar sin tener que pensar en ello.

Ahora te pregunto: ¿Cómo pretendemos controlar con el neocortex (leyendo PDFs y mirando presentaciones) un proceso que le pertenece puramente a nuestro cerebro mamífero e instintivo?
¿Has escuchado hablar de la "humanización del parto y nacimiento"? Es una corriente preciosa que intenta devolver la dignidad y el protagonismo a la mujer que está pariendo y a ese bebé que está naciendo. Pero el obstetra francés Michel Odent llegó más allá y planteó el siguiente concepto: Mamiferizar el nacimiento. ¿No es espectacular? Yo creo que sí y te voy a explicar de qué se trata y por qué concuerdo 200% con él. Mamiferizar el parto significa algo tan simple y a la vez tan desafiante hoy en día como conectar con el cuerpo y volver a creer en tu propia fuerza y capacidad biológica de parir. Tu cuerpo sabe cómo hacerlo, de la misma manera que sabe latir o respirar. No necesita que una pantalla le explique el camino. Pero hay algo que sí necesita: un ambiente favorable. Lejos de querer profundizar en fisiología y mecanismos hormonales, necesitas entender que para que el parto fluya como el proceso natural que es, se necesita un contexto que ayude: iluminación y temperatura adecuada, nada de interrupciones, distracciones y, mucho menos, intervenciones innecesarias. Entonces ahí puede ser que la teoría y los PDFs sirvan: para poder negarte con seguridad a un procedimiento médico, necesitas (y sobre todo tu acompañante) saber argumentar por qué no lo deseas. Y a eso se llega leyendo, sí. Pero hay un plano mucho más sutil en la experiencia del parto que no vas a encontrar en ningún libro ni página de maternidad.¿Recuerdas los dos ejemplos con los que comencé este post? Esa voz que te dice que no vayas a un lugar o esa sensación en el cuerpo de que algo no está bien. Estoy segura de que alguna vez te pasó. Y no necesariamente cuando fuiste a ese lugar pasó una catástrofe. Capaz simplemente estuviste contando los minutos para volver a casa y relajarte. Pero ¿qué tiene que ver todo esto con el parto? Allá vamos.Imagina esta situación: Estás en trabajo de parto hace horas. Sientes cómo las contracciones son cada vez más intensas y seguidas. De repente, empiezan a ser más cortas y espaciadas, y puedes sentir cómo la cabeza de tu bebé hace una presión insoportable del lado izquierdo de tu pelvis. El espacio de tiempo entre una contracción y la próxima te deja recuperar un poco de energía, tomar un trago de agua. De repente descubres que si levantas esa pierna y la apoyas en el escalón, la presión alivia. Estás sumergida en tu proceso, sintiendo tu cuerpo y los movimientos de tu bebé, que ya está más abajo que cuando empezaste a tener contracciones esa mañana. Entonces entra un médico, pone la mano en tu panza diez minutos (a esto lo llamamos técnicamente "controlar dinámica uterina") y sentencia:
"Tus contracciones no están siendo eficientes. Son muy cortas. Te vamos a poner un suerito para ayudarte."
¡Para todo ahí!
¿Tú no estás sintiendo su cabecita encajarse lentamente en la pelvis? ¿Y si las contracciones disminuyeron porque ahora la prioridad no es empujar al bebé hacia abajo, sino acomodar su posición? Técnicamente esto se llama "asinclitismo". Pero tú no necesitas recordar esa palabra. Ahora estamos frente a un médico que te está diciendo que tu cuerpo no sabe hacer su trabajo. Porque en su librito decía que tus contracciones tenían que ser diferentes. Entonces él va a arreglar tu útero. Va a hacer que se contraiga como él aprendió que debería contraerse. Otro escenario sería si tú no tienes ni idea de lo que está pasando dentro de ti. Porque en tu vida jamás paraste a sentir tu cuerpo. A percibir cómo cambian tus sensaciones cuando respiras de tal o cual forma. O dónde aparece un dolor cuando te sientas en determinada posición. Quizá tampoco te tomaste la libertad de no ir a un lugar que no querías, porque otros pensaban que sí deberías ir. Tu cuerpo te habla. Pero ningún libro ni curso teórico te enseña a escucharlo. Es un ejercicio para la vida. Un hábito.
Cuando Odent habla de mamiferizar el parto, se refiere a lograr apagar ese neocortex. Escuchar esa sensación que te dice que el parto está avanzando, aunque el médico diga que no. Intuición y conexión con el cuerpo son tan importantes en la preparación para el parto, como estudiar las leyes, los planos de DeLee o saber el porcentaje de eficacia de los distintos métodos de inducción del parto.
Siempre me caractericé por ir contra la corriente, cuestionar todo y sentirme fuera del pozo. Ya intenté encajar y no funcionó. Por eso mi forma de trabajar y acompañar es un poco diferente de lo que hacen otras doulas. Lo que ellas hacen no está mal ni lo mío es mejor. Es diferente. Un poco. Solo eso. Primero, la palabra que acabo de usar es clave: yo acompaño procesos, no doy clases. Todo bien con la "educación perinatal", pero ni yo tengo una academia ni tú quieres ser educada. ¿Cuántos encuentros tiene mi paquete de acompañamiento? Los que tú precises. Más los que yo considere necesarios. A menudo siento la necesidad de hablar de algún tema en particular o de acercar alguna información, otras siento que estás atravesando algo y necesitas de presencia, entonces te voy a proponer encontrarnos en la playa o tomar un café, y simplemente hablar de la vida y reírnos un poco. Lógicamente, a veces vas a necesitar entender qué significa ese valor de glicemia que te salió o por qué te están pidiendo un doppler fetal que no es de rutina. Entonces ahí leemos los PDFs que sean necesarios y analizamos estadísticas.Pero para poder acompañarte en este camino necesito que tú, antes que nada, te percibas como un todo. Deja de pensarte como una máquina incubadora. Eso es lo que el sistema te ha hecho creer, pero nada más lejos de eso. Sos madre, sí. Pero antes de eso, sos mujer, sos hija, pareja, amiga. Antes de embarazarte tu vida ya había empezado. Ya escuchaste historias horribles sobre parto de dolor y sufrimiento. Ya sufriste abandonos, miedos, traumas, violencia. Todo esto entra junto a la sala de parto. Y contrario a lo que el sistema médico hegemónico te ha hecho creer, eso influye e importa tanto como la teoría en el proceso vital más precioso de la vida humana.
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