top of page
Buscar

¿Cuándo se empieza a ser madre?

  • Foto del escritor: Lucia Lemos
    Lucia Lemos
  • 22 mar
  • 4 Min. de lectura

Una carta sobre el duelo gestacional



Dieciséis días atrás, perdía un embarazo del que me había enterado apenas tres días antes.


He reflexionado mucho estos días y, como no encuentro respuestas, me quedo con las preguntas. ¿Cuándo se empieza a ser madre? Perder un embarazo de dos semanas, de un embrión de 1,5 milímetros, ¿entra en la categoría de perder un hijo? Si tu respuesta es no, te pregunto: ¿cuántas semanas tienen que haber pasado desde la concepción? ¿Cuánto tiene que medir? ¿O pesar? ¿Tiene que haber nacido? La obstetricia dice que, antes de la semana 20 o un "producto" menor a 500 gramos, es un aborto. Después de eso, es un óbito. Para una mujer (repito, aún no acordamos si la podemos llamar "madre"), ¿esos parámetros hacen alguna diferencia? ¿Cuándo empieza una a sentirse madre?


¿Embarazo buscado? No. ¿Deseado? Sí. Mucho más de lo que pensaba. En mi trayectoria por el mundo de la obstetricia, he escuchado mucho las palabras "embarazo no deseado". Si se dieran cuenta del impacto que las palabras tienen en quien las escucha, sobre todo en momentos de vulnerabilidad, estoy segura de que tendrían más cuidado. Yo no buscaba quedarme embarazada ese día, de esa persona, en esas circunstancias vitales. Pero lo deseaba. Deseaba mucho ser madre. Solo después de vivir esta pérdida me doy cuenta de cuánto.


Por eso creo que mi duelo es válido. Porque, desde el primer día de atraso de mi menstruación, me ilusioné. Me asusté también. Pero me hacía mucha ilusión ser madre. Estaba segura de que, más allá de las dificultades (porque ¿qué madre no las tiene?), iba a ser una excelente madre. Iba a amar a mi hija incondicionalmente. Ella iba a ser mi motor para ser una mejor persona.


Como una estrella fugaz, no importa cuánto tiempo estuvo ahí, sino la luz que encendió en nosotros.
Como una estrella fugaz, no importa cuánto tiempo estuvo ahí, sino la luz que encendió en nosotros.

Una pone el cuerpo. Sean nueve meses o dos semanas. A nosotras nos interpela de una forma que a nadie más lo hace. El duelo de esta pérdida, he descubierto en primera persona, es solitario. Frases como "ya va a llegar" o "por algo pasan las cosas" son dichas con todo el amor del mundo, en un intento torpe de consolarnos. Pero una no quiere ser madre después, cuando llegue; quería serlo de ese hijo. No queremos entender el porqué, queremos que no haya pasado, queremos que volver en el tiempo sea tan fácil como dar "Ctrl + Z" en un editor de texto.


Pero, al mismo tiempo que creo en todo esto, a menudo me encuentro cuestionándome si está bien sentir lo que siento. A cada rato me sorprendo recordando la ilusión que me había hecho, la imagen que mi imaginación había construido de mi hija aprendiendo a caminar o juntando sus juguetes.


Cada una va a encontrar un significado a lo que vivió. Cada una a su tiempo. No hay un tiempo único ni correcto para transitar este duelo. Yo, por ejemplo, intento encontrar consuelo en la idea de que esa alma, quizá, tenía una misión breve. Quizá vino a enseñarme algo. Siento que algo —no sé qué— hizo clic en mí después de vivir esto. Estaba en piloto automático preocupándome por cuestiones prácticas, casi en modo supervivencia. Trabajar, ganar dinero, pagar alquiler, etc. De repente "me cae la ficha" de que la vida es mucho más que eso. Fue una bofetada de la vida, un "no estás aquí solo para sobrevivir". Vivir, a mi modo de ver, se trata de sentir.


Siempre animo a todo el mundo —sobre todo a las gestantes que acompaño— a conectar con su intuición, con su deseo y con su cuerpo. Pero, de repente, me encontré a mí misma invalidando mi tristeza, porque "fue tan efímero que es como si ni hubiera pasado". Hasta que me di cuenta: ¿por qué predicar esa conexión y negármela a mí misma? Necesitaba validar que no hay una forma correcta de sentir. No hay bien ni mal cuando se trata de una experiencia tan única y personal. Entonces me permití quedarme en la cama hasta tarde, me permití llorar, faltar a clases de pilates más de una vez...


Hoy decidí compartir estas reflexiones después de hablar con muchas mujeres que me contaron que también pasaron por esta pérdida. Estamos en las estadísticas. Muchas mujeres tienen abortos espontáneos, sí. Pero mientras elaboro mi duelo, no quiero escuchar sobre números, ni opiniones sobre si era el momento, o si apenas conocía al padre. Hoy elijo compartir contigo, que también pasaste —o pasas— por esto, y escuchaste lo mismo que yo. Contigo, que también te sentiste sola. Contigo, que tampoco te permitiste sentir lo que sentías porque te hicieron creer que no estaba bien, que no era tan importante como cuando sucede más adelante. Hoy te digo a ti, se lo digo a todos los que en algún momento sepan que a alguien le está pasando, y me lo digo a mí misma: permítete sentir.

Lo que sea que sientas está bien. Capaz es alivio. Capaz es culpa (no digo que deba serlo, digo que está bien sentirlo). Capaz es tristeza. Todo vale.


Preparé este espacio para que estemos más cerca.
Suscríbete para recibir mis reflexiones sobre gestación y parto.


 
 
 

Comentarios


bottom of page